Ocho campesinos indígenas de la aldea de Xeatzán, municipio de Patzún, en Guatemala, fueron asesinados por los Kaibiles. Son asesinados de una manera nueva, cuyo horror no se conoce hasta entonces, fueron verdaderamente crucificados. Atravesando sus cuerpos con hierros y estacas, son clavados en las paredes de la escuela de la aldea. No se usan balas, ni cuchillos. Y el tiro de gracia que suele poner fin al prolongado espanto de la tortura, esta vez es reemplazado por un hierro clavado en la frente, que va a incrustarse en la pared.

Escribe un comentario