La escasez de argumentos para resolver la reubicación de un grupo de floricultores temporaleros, y el uso de la fuerza pública contra ellos, desató la ira de campesinos y moradores del valle texcocano, que respondieron con machete en mano, piedras y bombas molotov a las incursiones punitivas de las policías federal y estatal, que intentaron reabrir la carretera Texcoco-Lechería con fusiles lanzagranadas con gas lacrimógeno. La violencia institucional se topó con una barrera humana a la entrada de San Salvador Atenco, que en medio de una lluvia de piedras, toletes, bombas caseras, petardos e incluso disparos de arma de fuego, cobró una víctima, Javier Cortés Santiago, de 14 años de edad, a quien sus amigos conocían como El Pilo.

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