Ernesto Fernández Espino, Pastor de la Iglesia luterana en San Miguel, mártir de los refugiados del pueblo salvadoreño. Ernesto es despedido en la puerta de su casa por su esposa Concepción, en la mañana del 9. No vuelve a tener noticias de él hasta que se encuentra su cadáver, terriblemente mutilado, en un poblado rural en las cercanías de la ciudad de San Miguel. Testigos oculares aseguran haber visto a Ernesto a las 5 de la mañana del día 10, escoltado por dos uniformados. Horas más tarde, el jeep del pastor fue visto escoltado por dos soldados y, por último, estacionado frente al cuartel del batallón Arce, del ejército salvadoreño. La muerte de Ernesto es una consecuencia de su trabajo social y de acompañamiento al pueblo salvadoreño, especialmente a los refugiados y desplazados, como consecuencia del acoso permanente de las Fuerzas Armadas contra la población civil.

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